Producir más kilos de calidad según las demandas de los mercados es el principal desafío de la empresa ganadera. En este contexto, un criador multipremiado en Palermo, Carlos Fernández, Director de La Rubeta y Directivo de Angus, hace una puesta a punto de los cambios tecnológicos y organizativos que están implementando las cabañas líderes para que la genética de punta impacte en los rodeos comerciales. ¿Cómo articulan los eslabones de la cadena de valor?
“El frigorífico me pide un animal más pesado y tengo que lograrlo sin aumentar el tamaño de las madres, para lo cual necesito bajo peso al nacer y, a la vez, más peso al destete. También me pide área de ojo de bife y marmoreo, y ni siquiera sé cuánto tienen mis reses”, reiteran los ganaderos, a través de Valor Carne, aludiendo a un mercado de fuerte dinamismo, pero aún con escasa información de calidad de carne. Y si bien se dispone de datos de los reproductores -volcados en los DEPs- para predecir esas y otras características, acoplar la selección genética con la producción de carne siempre ha sido un gran reto.
“La cabaña la empezó mi padre hace casi seis décadas y ya entonces nos hacíamos ese cuestionamiento. Estábamos en la manga con mi hermano y le decíamos ¿para qué invertir en genética, si al vecino, que usa sus propios toros, le pagan lo mismo?’’. Y él nos respondía: al destete le vamos a sacar 20 a 25 kg de ventaja y en algún momento, cuando se valorice la genética, habrá además un plus por kilo”, rememoró Fernández.
“Pienso que ese momento ya llegó, lo estamos viendo en los remates especiales, donde se logran precios 15 a 20% superiores, impulsados por cabañeros y consignatarios. Y lo más importante es que lo están validando los productores comerciales”, aseguró, detallando que su empresa fue una de las que lideró este cambio trascendental en un país donde no se paga por calidad de carne.
Ubicada en Lezama, Buenos Aires, La Rubeta, maneja un plantel de 200 vacas de pedigree y otras 200 receptoras, y en los últimos años ha obtenido ocho grandes campeones en Palermo, entre machos y hembras, además de marcar un hito en Estados Unidos, con valores récord de toros nacidos de embriones argentinos.
¿El éxito? “Creo que las cabañas que seleccionamos en función de un peso moderado al nacer, buen crecimiento y peso final, área de ojo de bife y deposición de grasa intramuscular, ganamos más de un partido”, comentó. “En nuestro caso, asignamos servicios con diferentes toros, tratando de mantener esos caracteres, trabajando con todos al mismo tiempo, en forma equilibrada. Hacemos animales sustentables para campos de diferentes regiones”, pormenorizó Fernández, indicando que a lo largo de los años hubo ajustes de objetivos según las alternativas de los mercados.
“En Estados Unidos se empezó a trabajar en grasa intramuscular en 1976 y hoy los mejores novillos logran un diferencial muy importante. Acá, hace unos 20 años, ni mirábamos este atributo; implementamos ciertos incentivos, la selección se puso en ritmo enseguida y fuimos acercándonos al ideal en la última década. Hoy, el foco es la grasa intramuscular, que también llevará su tiempo”, contó, refiriéndose a la línea trazada por la Asociación de la cual es miembro desde hace más de 25 años.
“Participar en Angus es muy fuerte, uno entiende que el negocio no está solo en lo personal, sino en el bien común”, planteó, reconociendo que el avance genético no fue suficiente para que su valor sea capturado por el productor comercial. “Había que dar un paso más: unir las dos puntas de la cadena”, subrayó.
Angus, genética en red
En los últimos tiempos la Asociación viene realizando una labor muy finita de acercamiento entre las cabañas de punta y los productores comerciales, a través de los consignatarios.
“Hasta 2022, cuando celebramos los 100 años en Palermo, cada eslabón se movía en su mundo. Por un lado, había una pista con animales a bozal del más alto potencial genético y por otro, los remates de hacienda general televisados y por streaming, con llegada a todo el país”, recordó. El centenario fue un momento bisagra, “entendimos que necesitamos apoyo de los operadores comerciales. Tuvimos la lucidez de acercarnos, empezamos a caminar juntos y pudimos captar a los productores como usuarios de nuestra genética”, reveló.
En concreto, los consignatarios contribuyeron a acortar la brecha entre la punta de la pirámide y los ganaderos de a pie. “Primero logramos que esos operadores confiaran en la genética, viendo que con mejores terneros se obtienen más kilos en menos tiempo, y una vez mentalizados, fueron influyendo en los productores con los que tienen gran afinidad y un trato amistoso de años”, explicó.
Acto seguido “desde la Asociación, fuimos conociendo mejor a esos productores y ellos también pudieron comprender las ventajas de utilizar genética evaluada. Hoy entran a los programas de la Asociación y ya prácticamente no hay quienes compren un reproductor sin datos”, reveló.
Los beneficios de esta simbiosis alcanzan a toda la comunidad del negocio. “Como los lotes buenos se pagan 15-20% más, cada vez son más los productores que quieren subirse a esos remates especiales, hay más cabañas participantes y medio centenar de consignatarias están mejorado su negocio”, confirmó.
Otro valor que promovió esta red es la competencia solidaria. “Se abrió el juego, hoy los cabañeros y los productores comerciales trabajan con cuatro o cinco consignatarias diferentes, algo que antes no se veía, los siguen por televisión y redes sociales. La información fluye, hay transparencia”, aseveró.
Además, en varios remates se hacen concursos de terneros. Entre los jurados hay consignatarios y frigoríficos, además de técnicos de la Asociación. “Ahora, así como hay galardones para animales a bozal o en tríos en las exposiciones, hay premiación de terneros y terneras generales, muchas de las cuales se marcan después como terneras certificadas. Es un reconocimiento importante, porque detrás está el mérito del productor”, afirmó.
El éxito de la iniciativa es contundente y este 2026 durante la semana Angus de otoño que se hizo en Palermo, se comercializaron más de 110.000 cabezas de hacienda. La mayoría era hacienda general para cría, invernada y faena, sumada a ejemplares puros controlados y madres seleccionadas de altísimo nivel genético.
Para finalizar, Fernández resaltó el valor de la red Angus para potenciar el impacto de la genética. “En el campo siempre ha sido importante cerrar un trato con un apretón de manos y los consignatarios nos enseñaron que la confianza sigue siendo estratégica. Hoy andamos juntos por todo el país y es más fácil que el productor general, que se mantiene fiel a sus operadores, se vaya acercando a la Asociación, a nuestro objetivo, que es la difusión de la raza”, concluyó.
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