Como hace periódicamente con numerosos mercados, el USDA publicó recientemente su análisis de coyuntura y perspectivas de corto plazo de las ganaderías de Nueva Zelanda y Canadá, dos potencias medianas en el rubro de carne vacuna, tanto en materia de producción como de exportaciones. Además, Canadá está en el top 10 de los importadores.
Nueva Zelandia, en recuperación
El USDA prevé que en 2025 Nueva Zelandia logre un mayor nivel de producción y de exportaciones, con 760 mil y 700 mil t, en ese orden. Las segundas estarán impulsadas por la demanda de EE.UU.
El rodeo neocelandés estuvo reduciéndose a razón de un 1% anual, últimamente. Esta situación continuará pese a la estabilización a registrarse en el corriente año.
Los motivos de esa tendencia declinante se basaron en la política gubernamental que impactó en cambios relativos a la agricultura y al uso de la tierra.
A fines de 2023, cambió el gobierno que ahora apoya fuertemente al agro y dio marcha atrás con muchas de las políticas del anterior. Por ejemplo, va a cambiar una legislación relativa a emisiones de gases y va a derogar la prohibición de exportar ganado en pie que ya lleva unos dos años.
La baja rentabilidad fuerza al sector a postergaciones en materia de mantenimiento, mejoras de capital e innovación, llevándolo a tomar más deuda.
Las causas de la mayor producción para 2025 se basan en un mayor peso de las carcasas de novillos y vaquillonas, que respondería a una temporada pastoril favorable y a darle prioridad a la alimentación para terminar ganado, con más terneras retenidas fuera del sector lácteo.
Se prevé que empiece 2025 con 9,5 millones de cabezas, de las que 5,5 millones son vacas; 80% de las mismas son de razas lecheras.
Se espera una producción de 5 millones de terneros y una faena de 4,6 millones de cabezas.

Canadá, menor destete pero más retención
Para Canadá, se prevé que el sector de la carne vacuna mantenga la tendencia de contracción de largo plazo, aunque se iría estabilizando desde fines de año, debido a mejores precios y disponibilidad del alimento.
Para dar una idea del fenómeno, de las 16 millones de cabezas que había en 2006, este año se contabilizan 12 millones, marcando un camino que todavía no se ha detenido.
El destete será menor, pero se vería una mayor retención de hembras si continúan mejorando las condiciones de alimentación.
Sus exportaciones de carne como proporción de la producción se elevarían, así como se suavizarían las importaciones debido a una demanda debilitada.
Después de varios años de sequía, hay optimismo en cuanto a la disponibilidad y precio de alimentos.
La invernada dependerá más de las importaciones desde EE.UU. aunque continuará la exportación de ganado terminado.
Habrá una faena más limitada, pero se compensará con mayor peso promedio de los animales.
El consumo también ha retrocedido desde 2010. Pasó de 30 kilos per cápita en ese año a los actuales 23, sin solución de continuidad.
Un avance importante se registra en el promedio de peso de las carcasas de novillos. El promedio de los primeros siete meses de este año fue de 436 kg, cerca del doble que el argentino, y resulta 7% superior (30 kilos) al promedio para esos mismos meses de 2016 a 2020.







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