El lunes se anunció la firma del acuerdo de libre comercio (ALC) entre Australia y la Unión Europea.
Hace tres años, Australia interrumpió las negociaciones, que arrancaron hace diez, a causa de la muy magra oferta europea en materia de carnes, vacunas y ovinas, este rubro también de importancia en el país oceánico.
Frente a una aspiración del sector privado de 60 mil t y del gobierno de 50 mil en materia de carne bovina, el tratado se firmó con una cuota adicional de 30.600 t equivalente con hueso (unas 23.500 t sin hueso).
Pero lo que es peor, la letra de lo firmado asegura 10.200 t con hueso (unas 7.800 sin hueso) por año, durante los primeros cinco años y luego se evaluará cómo sigue.
Con mayor detalle, la cuota aprobada consiste en:
– Un tramo de 16.830 t equivalente con hueso ó 55% del total (unas 13 mil t sin hueso), sin arancel y con la condición de que los animales sean alimentados a base de pasto
– Un tramo de 13.770 t equivalente con hueso ó 45% del total (unas 10.500 t sin hueso), con arancel del 7,5%
– Estos volúmenes se introducirán de manera gradual a lo largo de 10 años a partir de la entrada en vigor del acuerdo, comenzando con un tercio a su vigencia y mantenidos estables durante 5 años.
– No está claro cómo va creciendo hasta el total durante los años del sexto al décimo.
Es decir, a diferencia de lo que firmó el Mercosur, no hay cronograma para llegar, al final, al tonelaje comprometido.
El sector de la carne, desde las entidades de la producción, los frigoríficos, los feedlots y todos los involucrados, recibió la noticia como un balde de agua fría y la expresión más generalizada fue que se trata del peor acuerdo firmado con Europa jamás.
Si se piensa que Canadá, un exportador de menor cuantía y con principal foco en Estados Unidos, logró 50 mil t, se comprenden tales reacciones.
También comparan esa cuota con las 99 mil del Mercosur, aunque aquí las consideraciones que habría que hacer exceden las manifestaciones del agro australiano.
Otro suceso que amplifica la sensibilidad de los “aussies” es que, cuando la UE quiso arreglar un entuerto con Estados Unidos en materia de prohibición de carnes con hormonas, Europa apeló a otorgarle a ese país más de la mitad de la cuota 481 (carne de feedlot) de manera exclusiva, a costa de la menor participación de los otros proveedores (Australia, Uruguay y la Argentina, principalmente).
Los australianos aducen que, en aquella ocasión, los europeos les dieron la mano con una semipromesa de arreglar la cuestión con la nueva cuota a establecer en su ALC.
Europa sigue frustrando a sus socios comerciales, que a su vez son países con una larga tradición de relaciones culturales, como resultado de la profusa inmigración y la pretérita colonización, a causa de la inexplicable fuerza política que todavía mantiene el sector agrario en algunos países poderosos en la Unión Europea. Y todo a la vista de la inmensa mayoría de ciudadanos que son rehenes de esa política de proteccionismo extremo y que pareciera que la consienten.
En nuestra visión, Europa ha decidido que, no pudiendo ser competitiva en el renglón de la carne vacuna, se va a proteger y va a atacar su consumo. Recientemente Amsterdam se convirtió en la primera ciudad del mundo en prohibir su publicidad, como ejemplo de esa intención.
Va a seguir bajando su producción y también su consumo pero deberá aumentar sus importaciones, que son una fracción de éste (5%).
Así, seguirá siendo un mercado de muy buenos precios para los cortes de alta calidad, por lo que los proveedores deberán aprovechar todos los resquicios que puedan encontrar allí. Sin perder la vista al resto del mundo.







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