El precio de la carne otra vez en los medios

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El precio de la carne otra vez en los medios

2019-01-15T18:46:33-03:0010 de febrero, 2014|11 comentarios

El sector de la carne volvió a estar en los titulares de los medios a raíz de los aumentos al mostrador. Por eso, es bueno recordar el devenir de los hechos que llevaron a esta reciente suba, atada a un contexto de aceleramiento inflacionario.

El precio de la hacienda mostró una tendencia creciente durante el último trimestre de 2013, tomó velocidad en enero y terminó disparándose en las últimas semanas tras la brusca devaluación del peso. Sin embargo, esto ocurrió luego de tres años de cotizaciones estancadas en términos corrientes o de subas muy por debajo de la inflación, lo que alertaba sobre la posibilidad de nuevas reducciones del stock.

Desde hace más de cuatro décadas, la Argentina produce la misma cantidad de carne pero tiene casi el doble de población por lo que hay mucho menos para consumir y exportar. Si bien los motivos de este estancamiento son diversos, se destacan las políticas económicas que han intervenido en el sector ganadero con el objetivo de mantener bajos los precios al mostrador.

Esas medidas resultan particularmente negativas para la ganadería por tratarse de una actividad que siempre ha tenido fases de mayor y menor producción: los llamados ciclos ganaderos. Estos fenómenos, que ocurren en todo el mundo, se explican por la lenta respuesta de la oferta de hacienda frente a los cambios del mercado y sus perspectivas. Ante un escenario alentador, los productores comienzan a expandir su producción reteniendo vientres para destinarlos a la reproducción y animales jóvenes para engordarlos. De este modo, disminuye la oferta de estas categorías en el corto plazo por lo que suben transitoriamente los precios.

No hay maniobras especulativas ni intencionalidades ocultas en este proceso. La moderada retracción de la oferta permitirá sustentar el crecimiento más adelante.

Además de los ciclos, hay fenómenos estacionales -como la abundancia de pastos- y accidentales -como las lluvias- que inciden en la oferta de ganado, agregando tensiones al mostrador, a pesar de que tras esos eventos todo se equilibra rápidamente.

Lo fundamental para suavizar estas variaciones es respetar su dinámica regida por las leyes de la naturaleza, en el marco de políticas económicas de aliento a la actividad. En Brasil, la estrategia oficial que se lleva adelante desde hace 15 años, ha permitido exportar sin desabastecer el mercado interno y, hoy, además de liderar el comercio internacional, cada habitante consume 41 kilos de carne por año, seis más que entonces. Por su parte, el gobierno de Uruguay, que otrora intervenía en los mercados, en los años ‘70 liberó la hacienda y la carne y, hoy, además de ser uno de los consumidores más importantes del mundo, sus productos llegan a los países más exigentes.

Con respecto a la Argentina, desde 2002, con la salida de la crisis de aftosa y de la convertibilidad, hubo una fuerte expansión de la producción y de las exportaciones, a partir de inversiones en el campo y en la industria procesadora, que tras años de estancamiento buscaban atender la creciente demanda interna y externa. Pero este proceso se empezó a desalentar en 2005, cuando irrumpieron las intervenciones del gobierno.

Destacamos entre ellas, los acuerdos forzados de precios, el peso mínimo de faena, el aumento de las retenciones, la eliminación de reintegros a las exportaciones, la creación del ROE, la prohibición de exportar, los cambios en las normas de distribución de la cuota Hilton, el régimen de barata, entre muchas otras, que desconocían la dinámica del mercado y las previsiones que deben tomar los operadores en una actividad de largo ciclo productivo.

Con semejantes desincentivos, la histórica sequía de 2008/09 vino a colaborar con un proceso de liquidación que terminó llevándose casi el 20% del rodeo vacuno.

La drástica caída de la oferta redundó en fuertes aumentos en los precios, que se duplicaron en pocos meses. Como no era factible disponer de más carne rápidamente, fue forzoso convivir con un nivel de cotizaciones nunca alcanzado en más de 100 años de estadísticas económicas.  Esto impactó en la capacidad de compra de la gente y, por primera vez, la Argentina perdió el puesto de primer consumidor mundial.

Entonces, los altos valores impulsaron una nueva fase de retención y de crecimiento de existencias. Sin embargo, el proceso se vio debilitado por el mantenimiento de las políticas oficiales que frenaban las expectativas de los productores.

Desde 2010, con exportaciones a la baja, el mercado interno no pudo, como no pudo nunca por sí solo, sostener precios alentadores para la ganadería. Así las cosas, se llegó al último trimestre de 2013, cuando se conjugaron el retraso de los valores de la hacienda, la espiral inflacionaria, la fuerte devaluación y la incertidumbre frente a las marchas y contramarchas de las políticas económicas, empujando las cotizaciones hacia arriba.

Desde Valor Carne resumimos esta historia, que muchos de nuestros lectores conocen bien,  con la idea de contribuir al esclarecimiento de la población y su dirigencia.

Sería bueno trasmitir  que el sector de la carne es uno de los más atomizados del país, con más de 200 mil productores, centenares de frigoríficos, algunos miles de matarifes y abastecedores, decenas de miles de minoristas, y millones de consumidores, por lo que nadie puede influir en forma decisiva sobre las cotizaciones, pero tampoco existen medidas de gobierno capaces de domarlas.

Estamos convencidos de que la única manera de combatir los altos precios es con más oferta y ésta sólo se logra en un ambiente amigable con las inversiones y con la dinámica del mercado.

Por Miguel Gorelik, Director de Valor Carne.

11 Comentarios

  1. carlos hermida febrero 10, 2014 at 5:04 pm - Responder

    Para los que conocemos el tema resulta un completo y preciso anàlisis. Espero que sea comprendido`por los que toman decisiones inconducentes.
    Carlos Hermida

    • Miguel Gorelik febrero 21, 2014 at 12:54 pm - Responder

      Estimado Carlos: muchas gracias por el comentario aprobatorio, que se valora especialmente por provenir de un entendido.

  2. Santiago Doval febrero 10, 2014 at 5:33 pm - Responder

    Comparto el análisis y agregaría que en los últimos 3 años se viene repitiendo la estacionalidad de fin del verano, con subas de precio en el gordo, que potencian la coyuntura explicada en el artículo. Saludos. Santiago Doval

    • Miguel Gorelik febrero 21, 2014 at 1:08 pm - Responder

      Efectivamente, Santiago, esta una manifestación de los últimos años. Hace 25 ó 30 años, la estacionalidad de baja oferta y precios en ascenso se producía hacia el fin del invierno/primavera, cuando los campos volvían a tener pastos y los productores reducían sus ventas para que la hacienda echara kilos. Gracias por el comentario.

  3. Max a secas febrero 12, 2014 at 3:04 pm - Responder

    La geneadería argentina tiene una escala qiue se adecuaría bien a demandas mucho mayores, con un coemrcio internacional abierto. Al dedicarla 100% al mercado local lo que se produce es un uso enormemente ineficiente de recursos, y de pobres retornos para todos los que se dedican a la actividad, con distancias y escalas fuera de lugar.

    • Miguel Gorelik febrero 21, 2014 at 1:20 pm - Responder

      Esto es así, Max a secas. La ganadería argentina, tal como está dimensionada, no puede sobrevivir a la desaparición de las exportaciones. Además, en este contexto, todos saldrían perdiendo, consumidores, trabajadores del campo y de la industria, ganaderos, frigoríficos, toda la cadena comercial y por supuesto otros numerosos sectores que interactúan con la cadena de ganados y carnes. Y todo esto sería una doble picardía ya que el mercado internacional está demandante, creciente y paga unos precios tales que hay que retroceder muchas décadas para encontrar oportunidades como ésta.

  4. Dante Cerutti febrero 13, 2014 at 2:42 pm - Responder

    estoy de acuerdo con el artículo, creo que debemos enfocar el aumento de la producción de carne en el aumento del peso de faena (por el medio más efectivo y de mayor libertad posible) y aumento del porcentaje de preñez.
    Estamos muy enfocados en el stock y en el tema vientres pero un vientre tarda 270 días en producir 30 kg de animal en pié un animal en un feed lot (que hoy lo tenemos a punto de destetarse) tarda 30 días. Debemos apuntar a eso. Por otro lado deberíamos conocer todos lo que produce un animal luego de faenado, ojo no solo produce carne, eso debería menejar el estado para definir una reforma impositiva, Ojo dije el estado no el gobierno
    Dante Cerutti

    • Jose febrero 19, 2014 at 1:17 pm - Responder

      100% de acuerdo. Jose Irisarri

      • Miguel Gorelik febrero 21, 2014 at 1:32 pm - Responder

        Estimado José: gracias por el estímulo.

    • Miguel Gorelik febrero 21, 2014 at 1:32 pm - Responder

      Estimado Dante: tampoco comparto la idea de poner tanto énfasis en el tamaño del stock, cuando oigo y leo a tanta gente que discute si vamos o no a recuperar el stock pico de hace unos años. Es tan grande el aumento de la producción que se puede lograr con los animales existentes que pierde importancia si eso se va a hacer con 50 o con 60 millones de cabezas. El objetivo de aumentar los índices de productividad es muy relevante. Claro que un contexto amigable con las inversiones resulta crucial a la hora de decidirlas. Y sin éstas, no se podrán lograr esos avances.

  5. francogustavo_46@hotmail.com marzo 4, 2014 at 2:29 pm - Responder

    coincido con el comentario en un todo, tenemos que aumentar la productividad de la cria ,pero nos cuesta mucho vencer la mania de todo ganadero que es tener mas vientres aunque solo desteten un 70 % de terneros, que diriamos de un agricultor que todos los años sembrara 100 has y solo cosechara 70 ??
    saludos Ing. Agr. Gustavo Franco

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