El costo oculto de la ineficiencia

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El costo oculto de la ineficiencia

2019-01-15T18:48:48-03:0031 de marzo, 2015|9 comentarios

Cada tipo de planteo ganadero afecta de manera diferente las emisiones de gases de efecto invernadero, ya que éstas dependen de las ineficiencias reproductivas y productivas de las distintas etapas del ciclo. El metano, generado al transformar alimento en carne, es el más importante de estos gases, significando el 70% del total.

En la cría, el mantenimiento de la población de padres y de los terneros al pie de la madre representa el 70/80% de los requerimientos alimenticios del ciclo completo. Es una actividad de por sí muy ineficiente y esto se agrava cuando el porcentaje de preñez y el peso al destete son bajos. La explicación es sencilla: hay muchos animales que no producen terneros o éstos son livianos, pero igualmente consumen forrajes y generan metano.

En la recría y el engorde, en cambio, la eficiencia en el uso de alimentos se basa en lograr altos ritmos de crecimiento, superiores a las necesidades de mantenimiento del animal. A su vez, a mayores tasas de crecimiento, menor es la emisión por kilo de carne producido.

Es decir que la eficiencia con que se realizan los procesos, más allá de implicar beneficios productivos y económicos, tiene relación directa con la sustentabilidad ambiental.

Pastodependientes 

En todos los modelos productivos, el pasto es el principal componente de la alimentación.  Por ejemplo, en un rodeo con preñeces mayores al 70%, donde el macho es recriado a pasto y terminado a corral hasta los 450 kg, el 90/94% de la energía es aportada por el forraje pastoreado y el 6/10% proviene de los granos y subproductos.

Este diagnóstico es clave para cuantificar las emisiones de metano ya que éstas van en línea con la cantidad de materia seca consumida diariamente y el tipo de dieta utilizada.

Los alimentos ricos en fibra, sobre todo los de baja calidad, generan mayor cantidad de metano por kilo de materia seca que las dietas ricas en grano, debido a las diferentes condiciones que se crean en el rumen durante la fermentación. Luego, este gas contaminante es eliminado por eructación.

Según datos experimentales, la producción de metano en dietas de cría y recría pastoriles es en promedio de 24 gr/ kg de materia seca (MS) consumida. La diferencia está en el metano emitido por kilo de carne logrado, ya que la cría necesita entre 25 y 45 kg de MS por kilo mientras que la recría requiere 9 kg de MS.

Por su parte, en el engorde a corral, con altos niveles de granos y conversiones de 6 a 10 kg MS/ kg de carne, se emiten sólo 9,9 gr de metano/kg de MS.

En síntesis, la cría tiene una gran incidencia en la producción de metano no sólo por el alto requerimiento de alimentos de la población parental sino además porque las raciones son más fibrosas. En cuanto a los animales que se terminan livianos a corral, sería de esperar que disminuyan la producción de metano por kilo logrado, debido a que son muy eficientes en transformar grano en carne y utilizan dietas que generan pocos gases.

Livianos versus pesados

Para estimar el impacto de la recría y el engorde sobre la generación de metano se tomó en cuenta un rodeo de cría con parámetros representativos del rodeo nacional. En tal sentido, las vacas alimentadas con pasto tienen un 65% de destete de terneros de 160 kg. Es decir que para producir un ternero hay que mantener 1,54 vacas. Luego, el proceso de recría-engorde se realiza bajo dos planteos productivos:

1- Con recría y terminación con 450kg

El 50% de los terneros logrados son machos y se recrían a pasto, con una ganancia diaria de 0,5 kg/día, hasta los 300 kg. Posteriormente, se terminan a corral con 450 kg. En tanto, un 40% de las hembras (20% del total de terneros) que no se destinan a reposición son recriadas a pasto hasta los 220 kg y luego encerradas a corral hasta terminarse con 320 kg. Por su parte, el 60% de las hembras restantes (30% de los terneros) se recrían a pasto para reposición con una ganancia de 0,5 kg/día hasta inicio de la gestación.

 2- Sin recría y terminación con 320 kg

El planteo es muy similar al anterior en cuanto al manejo de las hembras, es decir que la reposición se hace a pasto. La diferencia es que las hembras de descarte y los machos no son recriados sino que, una vez destetados, son engordados a corral desde los 160 kg hasta los 320 kg.

Sobre estos modelos se determinó la producción de carne, los requerimientos de materia seca para cada etapa y, en función de ello, la producción de metano.

Para pensar

La emisión total de metano es mayor en el planteo que produce novillos de 450 kg. Esto se debe a que la recría, sobre todo a ritmos de ganancias diarias iguales o inferiores a los 500 gr, genera más emisiones que cuando los terneros se terminan directamente con ración de corral.

Sin embargo, cuando los novillos son más pesados, también es mayor la producción de carne, incluida la reposición, tal como se detalló en una edición anterior de Valor Carne. Por eso, aún con una emisión de metano superior a lo largo del ciclo completo, midiéndola  por kilo de carne obtenido, resulta levemente inferior (0,5 vs 0,6). Lo que ocurre es que el gas generado en la cría se diluye con más kilos totales, aun cuando la etapa de recría no se realice a elevadas ganancias de peso.

Un punto débil del modelo de animales livianos a corral, es que si bien durante esta etapa se genera menos metano por kilo de carne obtenido, esto no alcanza a mitigar la gran emisión de la cría, algo más notorio cuando la recría y el engorde aportan pocos kilos al proceso total.

En síntesis, para diluir la incidencia de la cría, además de mejorar su propio desempeño, es necesario aumentar la producción de carne en las etapas más eficientes: recría a pasto o a corral y engorde. De la mano de estos avances, la generación de gases de efecto invernadero por kilo de carne producida será cada vez menor.

Ing. Agr. Juan C. Elizalde, Ph.D.
Ing. Agr. Sebastian Riffel, M. Sci.
www.elizalderiffel.com.ar

9 Comentarios

  1. Agustina Hardoy marzo 31, 2015 at 12:41 pm - Responder

    La nota me parecio muy mala. Es una lastima que personas reconcocidas profesionalmente esciban una nota tan parcial mostrando solo una parte de la realidad.

    • Liliana Rosenstein marzo 31, 2015 at 4:49 pm - Responder

      Estimada Agustina:

      Es una picardía hacer una crítica negativa tan fuerte a un trabajo de valor, que ofrece datos que no abundan a nivel público.
      Valor Carne es, entre otras cosas, un foro para debatir sobre todos los aspectos de la ganadería y gustosos aceptaremos su opinión sobre el artículo referido.
      Pero la afirmación anterior sin los correspondientes fundamentos no sirve para hacer un análisis crítico.
      Cordialmente,
      Liliana Rosenstein

  2. JUAN ELIZALDE marzo 31, 2015 at 7:44 pm - Responder

    HOLA AGUSTINA:
    UNO LEE NOTAS CON LAS CUALES SE PUEDE ESTAR DE ACUERDO O NO. SERIA INTERESANTE SABER EN TODO CASO, POR QUE LA CONSIDERAS PARCIAL. ES PARCIAL PORQUE NO SE PUEDE TOMAR TODO EL TEMA EN SU CONJUNTO EN UN ESPACIO TAN CORTO. EN EL TEMA DE LOS GASES DE EFECTO INVERNADERO, INCLUSO FALTAN LOS ASPECTOS ECONÓMICOS.
    AHORA SI ES MALA, IMPARCIAL, PORQUE VOS NO ESTAS DE ACUERDO CON ALGUNA CONCLUSIÓN ES ENTONCES TOTALMENTE DISCUTIBLE.
    DE TODS MODOS MUCHAS GRACIAS

  3. German Oscar Zehentner abril 1, 2015 at 5:34 am - Responder

    Ya con escribir es un salto importante para los autores de esta nota y para el sector. Cualquier tema que genere debate o discusión es importantísimo por cuanto de ahí surge la solución mayor. Si no lo hacemos así, como se solucionan o aparecen los cambios para la argentina que necesita una gran transformación? La cría con una ineficiencia histórica ya cultural y de alta contaminación ambiental. Es más, aun que sea incompleta la nota la necesitamos para empezar a modificar algo o el nacimiento de la reflexión y o más información Estamos con 2.5 dolares por kilo de ternero, si no hacemos algo ahora cuando?
    VOY A USAR ESTE ARTICULO PARA MI PUBLICACIÓN O POR LO MENOS UN RESUMEN.Saludamos a los autores y a la publicación. Germán

  4. Agustina Hardoy abril 7, 2015 at 12:28 pm - Responder

    Pido disculpas por haber hecho un comentario a la ligera, sin haber fundamentado mi opinión.

    Nadie va a negar que la producción de alimentos tenga su costo ambiental, pero creo que hay muchos intereses políticos, sobre el tema del impacto que tiene la ganadería al cambio climático.

    La nota me pareció parcial porque solo tiene en cuenta el metabolismo del rumen. No suma, la totalidad de las emisiones producidas a lo largo de la cadena, para producir esos kg de carne. Por ejemplo las emisiones en la producción de los distintos tipos de alimentos o el transporte de los mismos. Como tampoco hace mención de los componentes del agro sistema donde se producen esos kg de carne, ni de la interrelación que ocurre entre los componentes del mismo. Cuanto mas GEI estamos emitinedo en el ecosistema manejado, con respecto a un sistema natural prístino.

    Me da miedo que notas como esta, que solo muestran una parte de la realidad, tengan un efecto negativo, sobre la imagen que tiene la sociedad y los consumidores sobre lo que producimos “carne vacuna”. Más aun, al ser escrita por personas con trayectoria profesional, reconocidos en el medio, que hace que todo lo que escriban, tenga mucho más peso.

    Los rumiantes en pastoreo tienen mala prensa últimamente, siendo que consumen altas cantidades de la sustancia más abundante de la biosfera, la celulosa. Y justamente en nuestro país hay grandes zonas con alto potencial de producción de forraje y sin la alternativa de convertirlas en agrícolas. Por el otro lado, cualquier proceso de producción, a medida que intensificamos el mismo, aumenta la necesidad de agregarle al sistema insumos externos contaminantes, aumentando el riesgo para el ambiente.

    Estoy de acuerdo que mejorando la productividad animal, en todos los eslabones de la cadena productiva, desde la producción del ternero hasta el animal para faena. Y que mejorando la eficiencia del uso de los nutrientes en las distintas dietas, son prácticas a realizar, para disminuir las emisiones de GEI por kg de carne producido.

    Espero que se siga avanzando en el conocimiento, del “real impacto” que estamos generando sobre el ambiente, con los distintos sistemas productivos y cambiar lo que haga falta. Para que algún día, cuando las condiciones de exportación estén dadas no tengamos una respuesta negativa por parte de los consumidores.

    Cordialmente
    Agustina

    • Liliana Rosenstein abril 10, 2015 at 6:48 pm - Responder

      Estimada Agustina:
      transcribo la respuesta de Juan Elizalde:

      “El objetivo de la nota es comparar dos sistemas de recría y engorde con la idea de remarcar que los procesos productivos permiten minimizar la contaminación ambiental. Es decir que la tecnología lo permite”.

      Cordiales saludos

  5. Castellaro Maximiliano abril 7, 2015 at 6:54 pm - Responder

    Muy interesante el trabajo, lo que si es importante discutir es la variable económica que interfiere mucho si se desean terminar animales tan pesados en ves de recriar hasta los 240 kg y terminarlos con 340, en relación al precio de venta por Kg de PV que se puede obtener y al costo financiero de mantener tanto tiempo animales en el campo, cuando hay que pagar cuentas e insumos varios.
    En cuanto a utilizar el pasto para recriar es lógico que es económicamente lo más viable, aunque los productores promedios manejan mal el pastoreo de las especies de montes y pastizales, lo que genera otro daño al ecosistema, que pocas veces es cuantificado,sumado a que las recrias se realizan muchas veces a ADPV inferiores a los mínimos buscados para no interferir con el desarrollo normal de los terneros y al realizar esto a corral, si bien es mas «contaminante», se pueden manejar altas eficiencias de utilización de los recursos forrajeros y generar aumentos de peso mas controlados en relación a nuestro objetivo productivo.
    Creo que resulta difícil instalar el concepto de producción de metano en relación a eficiencias productivas cuando se cometen errores básicos en el manejo de estrategias nutriciónales y del rodeo en general, y cuando todavía no se instalo la importancia de pastorear eficientemente, y peor aun.. cuando todavía no se instalo la importancia de asesorarse en los productores y siguen viendo al Ing Agronomo como un gasto innecesario.
    De todos modos, lindo aporte.

    Saludos!

    • Liliana Rosenstein abril 10, 2015 at 6:33 pm - Responder

      Estimado Maximilano:

      A continuación transcribo la respuesta de Juan Elizalde:

      Si querés leer mas sobre eficiencias biológicas y emisiones podes consultar el trabajo completo bajándolo desde http://www.elizalderiffel.com.ar

      Con respecto al tema de emisiones de metano no es la idea instalar el tema pero no podemos dejar de reconocer que las ineficiencias productivas tienen un impacto marcado al respecto. El hecho que produzcamos con baja eficiencia no quiere decir que ignoremos sus consecuencias.

      Respecto a la comparación económica, habrá una siguiente nota al respecto así como otras referidas a la eficiencia productiva en relación a las diferentes razas bovinas.

      Cordiales saludos
      Juan

  6. José Mom mayo 19, 2015 at 11:54 am - Responder

    Interesante artículo, aunque debo decir que su redacción y compaginación, por momentos, induce a alguna que otra confusión.

    El objetivo específico del trabajo es simplemente comparar la relación “costo ambiental/beneficio” de dos modelos diferentes de engorde en categorías jóvenes. Uno, con una etapa de recría y terminación temprana exclusivamente a corral, y el otro, con recría bajo un sistema pastoril y terminación a corral.

    Según vuestras conclusiones, el modelo que sale beneficiado en cuanto a emisiones GEI (aunque sólo toma en cuenta CH4), sería la recría pastoril/terminación a corral. Bienvenida sea esta conclusión para todos aquellos que propendemos forzosa o voluntariamente al cultivo de forrajeras y/o pastizales naturales, por más que algunos sólo actuemos en la etapa intermedia de la recría, privándonos –por limitaciones logísticas o regionales- de los beneficios económicos de poder participar de la terminación a corral.

    Lo que confunde un poco en este trabajo es el hecho de mezclar la actividad de engorde con la mejora de la eficiencia en la cría. La actividad “Cría”, conceptualmente, concluye con el destete del ternero/a, o eventualmente para los establecimientos de reposición interna, con la recría de vaquillonas/toritos de reposición. A partir de ese momento, nada de lo que suceda en las actividades de recría y terminación puede afectar negativa o positivamente la eficiencia física-económica-ambiental de la cría. Por ese motivo, no coincido mucho con el concepto de que una invernada más eficiente “diluye” las “ineficiencias ruminales” propias de la cría. Tal vez se pueda aceptar ligeramente este concepto para un establecimiento que realice ciclo completo, pero en lo que hace a impacto ambiental, al efecto invernadero poco le preocupa si la cría y el engorde la realizan Hugo, Paco o Luis.

    Por otro lado, se hace difícil seguir vuestro razonamiento sin un cuadro o una planilla de cálculo con los parámetros de análisis. Por ejemplo, cuando aplican un coeficiente de 1.54 vacas/ternero destetado (35% de vacas falladas), no queda claro si luego en el producto físico obtenido están incluyendo el proporcional de las vacas refugo (peso de vacas falladas + vacas viejas, prorrateado por los terneros producidos en su vida útil), única manera de comparar los 25-45 kg MS/kg PV de la cría, contra los 9 kg MS/kg PV del engorde.

    La discusión que se abre en el foro a raíz del comentario de Agustina Hardoy es también interesante. Y concuerdo con ella en el nudo de su cuestionamiento. Es imposible arribar a conclusiones generalistas (sobre todo cuando tienen espíritu de recomendación, como en el caso de esta nota) sobre impacto ambiental, cuando no se analiza el modelo global de producción. Valgan algunos ejemplos simples, entre los innumerables que se podrían mencionar: el modelo beneficiado (recría pastoril, terminación con suplementación a partir de 300 kg de PV), implica cuantitativamente mayor cantidad de grano suplementado, a su vez mayor área de cultivo (degradación del carbono fijado y almacenado), mayores volúmenes de fertilizante nitrogenado (tema no menor, máxime cuando actualmente se pone en duda el efecto deletéreo del óxido nitroso, 300 veces más nocivo que el CO2 pero que hoy se presume subvaluado). Qué podríamos decir de los procesos de engorde que utilizan subproductos del arroz, cultivo emisor de GEI por excelencia! Otro ejemplo: el manejo de heces en piletas de decantación en los feed-lots, que sufren fermentación anaeróbica (en vez de aeróbica) y por ende, mayor producción de metano. Podríamos incluir también, los mayores requerimientos de transporte de insumos, aspecto al cual FAO le asigna una importancia para nada despreciable.

    Creo entonces que reducir una conclusión de un tema complejísimo a un simple resultado de 100 gr de metano de más o de menos es, cuanto menos, incompleto y temerario, y que da pie a cuestionamientos atinados como el de Hardoy.

    Por último, me cabe la siguiente duda con respecto a las conclusiones del trabajo: estamos hablando de que el modelo estudiado es más “eficiente” (concedámoslo provisoriamente, dadas las dudas planteadas en relación al sistema global) en cuanto a emisiones GEI por kg producido, pero… a nuestra maltratada atmósfera, en tanto sistema finito y en peligro de extinción, ¿le preocupa más la eficiencia con la que producimos cada kilogramo de carne, o que las emisiones dañinas sean cuantitativamente mucho menores y que se reduzcan de manera urgente?

    Gracias por el artículo y el espacio para opinar, y espero que continúen con este tema. Se cumplen 10 años de la entrada en vigencia del Protocolo de Kyoto, y así vamos, en completa inobservancia y negligencia. Mientras tanto, los casquetes polares y glaciares se derriten…

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